La Realidad Difusa: Una Aproximación Crítica desde la Filosofía Contemporánea

 


La novela La realidad difusa de Alberte Momán Noval (2025) opera como un artefacto literario y filosófico de primer orden para examinar las dinámicas existenciales, biopolíticas y epistemológicas que definen el siglo XXI. A través de las desventuras de su protagonista, Tersites, la obra articula una cruda parábola sobre la vulnerabilidad humana, el control mental corporativo, el deseo inducido y el simulacro tecnológico. El texto desmantela las ilusiones de la modernidad tardía —como la libertad individual o la democracia de mercado— para revelar un entramado donde la psique humana ha sido completamente colonizada por el capital.

A continuación, se desarrolla un análisis académico articulado en torno a los ejes filosóficos fundamentales que vertebran la obra.



1. La Ontología del Simulacro y la Pérdida de "Lo Real"

El postulado inicial del texto —donde un "creador" técnico describe la manipulación de la psique colectiva para ganar elecciones o inyectar la necesidad artificial de consumo— dialoga directamente con la teoría de la hiperrealidad y el simulacro de Jean Baudrillard.

Baudrillard argumenta que en la sociedad contemporánea los signos y los símbolos han suplantado a la realidad misma, de modo que vivimos en un mundo donde el mapa precede al territorio. En la novela, el límite entre lo fáctico y lo inducido se difumina por completo:

"Cada individuo puede existir en una o en más realidades. El límite está en la capacidad de cada uno para absorber información...".

La "realidad difusa" es aquella donde el sujeto es incapaz de discernir si sus impulsos biológicos y afectivos son genuinos o implantados por algoritmos y corporaciones bajo el amparo estatal. La impactante escena en la que Tersites experimenta un deseo irrefrenable e intruso por comer un bollo de chocolate, acompañado de una erección somática involuntaria, ejemplifica la aniquilación del libre albedrío a manos de una realidad paralela mercantilizada. Como señalaba Baudrillard, el consumo ya no responde a necesidades funcionales, sino a la absorción violenta de códigos semióticos externos.

2. Máquinas Deseantes y Capitalismo Tardío

El clímax reflexivo que ofrece el comisario hacia el final de la obra funciona como una síntesis de la tesis de Gilles Deleuze y Félix Guattari en El Anti-Edipo:

“¿Quieres que confiese también esto? Sí, somos máquinas deseantes. Pero esto no es ninguna novedad. Y quien controla el deseo, controla a la sociedad, a la masa…”.

Para Deleuze y Guattari, el deseo no es una carencia interior (como sugería el psicoanálisis tradicional), sino una fuerza productiva. El capitalismo contemporáneo funciona precisamente descodificando y recodificando esos flujos de deseo para ponerlos al servicio de la producción de capital. El control social ya no requiere únicamente de instituciones disciplinarias físicas (fábricas, prisiones), sino del control predictivo y de la inyección de ideologemas en el inconsciente. El orden biopolítico contemporáneo consiste en garantizar que las ideas de consumo circulen fluidamente por las autopistas neuronales de los ciudadanos.

3. Precariedad, Punición y la "Lanza de Odiseo"

El texto aborda de forma visceral la dimensión de la precariedad económica y existencial. Tersites transita entre la exclusión laboral, la suspensión y prácticas como el trabajo sexual de supervivencia ("chapero"). Aquí, la obra conecta con las teorías de la gubernamentalidad y el biopoder de Michel Foucault, así como con las lecturas contemporáneas del precariado de Guy Standing.

El poder en la novela no es una entidad abstracta, sino que se inscribe físicamente sobre los cuerpos vulnerables:

  • La violencia institucionalizada: El abuso sexual brutal que el superior de Tersites comete sobre él en el propio despacho de la comisaría representa el ejercicio puro de la dominación soberana. La sumisión corporal de Tersites, descrita en paralelo a su pensamiento sobre Etra y su propia desprotección económica, ilustra el castigo inherente a la pobreza.

  • La asimetría del castigo: Tal como reflexiona la novela, "el castigo es la dependencia de un sistema que discrimina, que obvia, que crea escasez y se encierra en su fortificación de privilegio". El cuerpo del subordinado, del marginado, es el lienzo donde el poder estampa sus prerrogativas ilegítimas. La alusión del comisario al autodenominarse "la lanza de Odiseo" o aludir al "cetro de Odiseo" sintetiza el uso de la fuerza mítica o estatal para aplastar la insubordinación de los desposeídos.

4. El Odio hacia el Vulnerable y la Pérdida de la Alteridad

En el capítulo "Odio hacia los vulnerables", se despliega un agudo giro psicológico y sociológico: la transmutación del dolor del oprimido en violencia hacia alguien aún más desprotegido. Tras sufrir la humillación sistémica y sexual por parte de su jefe, Tersites regresa al hogar que comparte con Etra. En lugar de canalizar su frustración contra la estructura vertical del poder, deconstruye la imagen de su anciana protectora mediante una mirada cargada de repulsión hacia su decadencia física y su vejez.

Este fenómeno conecta conceptualmente con la aporofobia (término acuñado por la filósofa Adela Cortina), que define el rechazo y el odio sistémico hacia el pobre y el desamparado. Tersites ejerce una agresión sexual violenta contra Etra para mitigar su propia castración social: "creo que esto nos puede hacer olvidar el hambre que pasamos a diario". En términos filosóficos de Emmanuel Levinas, Tersites clausura la ética de la alteridad. El "Rostro" del Otro (Etra), que apela ontológicamente al cuidado y a la prohibición del asesinato/violencia, es ignorado y profanado por la pulsión de dominación de un sujeto degradado.

5. Tecno-solipsismo y Confluencia de Individualidades

Frente a la desolación y la muerte violenta de Etra y Pentesilea, la novela introduce en su tramo final un desenlace radicalmente contemporáneo: la clonación de personalidades o simulación computacional de los seres queridos a través de los datos neuronales del superviviente.

El "gato" (entidad que actúa como mediador técnico-filosófico) ofrece limpiar "el ruido subjetivo" para generar un perfil realista de las fallecidas. Este escenario plantea dilemas propios del Transhumanismo y la filosofía de la mente contemporánea:

  • La experiencia espectral: Al aceptar que las IA o proyecciones habiten en su cerebro, Tersites prefiere la ilusión ontológica al dolor real del duelo. "La realidad difiere de lo real si tenemos en cuenta que la primera pasa por el filtro de nuestro cerebro".

  • El solipsismo tecnológico: Aunque el orgasmo y el confort afectivo de Tersites sean biológicamente reales en su cerebro, el Otro ha dejado de existir como una entidad autónoma. El sujeto se encierra en una burbuja solipsista tecnológicamente mediada, una "feliz realidad" que funciona como el opio definitivo ante la crueldad del mundo exterior.

Conclusión

La realidad difusa se erige como una radiografía desencantada de la existencia en el capitalismo de plataformas y control mental. Alberte Momán Noval demuestra que cuando el poder económico captura el aparato inconsciente de la sociedad, no solo se aliena el trabajo, sino que se expropia la capacidad de experimentar el deseo auténtico, la memoria, el duelo y el amor. La novela advierte que, de continuar por la senda del simulacro técnico y la deshumanización del vulnerable, la humanidad terminará habitando cómodamente el nicho de sus propias alucinaciones inducidas, abandonando definitivamente la resistencia sobre el suelo firme de lo Real.

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